Me bastó con sentir tu ausencia para darme cuenta de que nunca estuviste conmigo.
Me bastó con saber que nunca sentiste la mía, para comprender que nunca mereciste lo que te dí.

Me bastó con sentir tu ausencia para darme cuenta de que nunca estuviste conmigo.
Me bastó con saber que nunca sentiste la mía, para comprender que nunca mereciste lo que te dí.
No sé, no sé, sólo sé que hoy ya han pasado seis meses, pese a lo que pase, la hoja y el pincel se hunden en el sofá.
Como mucho eres gitana. En parte, ya sé quién eres con sólo rozarte. Lamentaciones de vagabundos de este mundo. No es cuestión de acierto, esclavo del tiempo lento.
Despojos de esos ojos, me levanto, y ya ves, aquí estoy, otra vez.
Me pregunto si fueron mis decisiones, pues estoy aprendiendo a vivir sin el libro de instrucciones. Sólo me gusta tu piel, acostarme y olvidarme de esta vida, sin estar al tanto de la moneda que cayó del canto.
Hay veces que prefiero cerrar los ojos, dejar que el mundo gire, aunque nadie lo mire.
Quiero silencio, estoy cansado de esta versión de un mundo de cemento.
Soy lo que soy, he visto llorar, reír, he visto más de lo que tienes en tu maletín.
He visto al amor y al odio en la barra de un bar fumando porros abrazados a un dólar.
He visto inicios que no tienen ni un final.
Que nadie respire.
Quiero silencio.
Planes de millones, millones de planes, principios y finales, todos los días son iguales.
Sospechosos habituales, me importa una mierda todo lo que hablen, ¿Sabes?… Si tienes que venir, no tardes.
Todo en regla, sin un fallo.
Si hay una explicación, la hallo.
No termina, camina, odia o estima, problemas en el aire, ese es el aroma.
Este es mi juego y estas son mis normas.
[...] Continuó besando su cuerpo. Y sintió que su corazón se aceleraba cada vez más.
Ella fue cada botella, cada golpe contra el suelo, aún así él la comprendió, la cobijó y le dio consuelo.
Habían cambiado tanto que se sentía casi como en una aventura. Embriagándola en mares de tinta y calor dibujó alrededor de su ombligo un pentagrama con la lengua y tres hielos.
Olvidaron sus límites, recordaron quiénes eran realmente, por un momento. Aún así, sabían que al amanecer volverían a ser los desconocidos en los que se convirtieron hace un par de meses.
-Sólo entre nosotros- le dijo acercando su nariz hasta rozar su mejilla fría.
-Sólo entre nosotros- confirmaron sus labios, y terminaron en los suyos, hambrientos y necesitados de sus besos.
Olvidaron sus límites, los olvidaron por completo, al ritmo de promesas y justificaciones sin cabida alguna en su cabeza. Sin embargo, abrieron sus heridas al intentar curarlas.
Hasta aquí llego yo. Hasta que el viento me traiga tu melena otra vez.
[...]Hablemos de amor, hablemos de desamor, que el truco está en no mirar al corazón a los ojos, el truco está en no mirar al corazón.-
Hablemos de ideas, hablemos de libertad, que abrir la mente es fundamental, fundamental y elemental para no caer en la soledad del no pensar.
Hablemos de vida y hablemos de muerte, que el ciclo de la existencia nunca paró, ni esperará por tí.
¿Que la amaba de verdad?; el amar es una forma elegante de declarar la guerra y el odio, es sentirse vulnerable e inseguro, y la retribución sentimental es la clave para saber que sigues en pie.
Hablemos con la verdad, dejémonos de cursilerías, seamos sensatos, hagamos las cosas bien, que mientras mande la razón, no existe razón para ocultarse.
Yo, mientras tanto, me fumaré un cigarrito esperando y miraré desde mi balcón cómo se suicida el engranaje.[...]
Duele. Duele tanto que no lo imaginas. Todos me recuerdan tu porvenir, con querer o sin querer. Todos me hablan de un pudo ser, y nunca de un será. Será que el cataclismo de la propia vida nunca arropó la idea de una vida feliz?. Será que el corazón dejó de latir?. No, nunca dejó de latir.
Menos ahora, que te lo estoy entregando con cintas de sangre.
Hoy dejaré que contamines tus entrañas con el veneno de tu propio odio.
Yo me ahogaré con el pasar de los segundos y despertaré, por fin, sin las cadenas frías que me dejaste en tu última visita.
Cuento los lunares del cielo y memorizo sus colores y formas.
Después de todo, sé que no me olvidarán.
Voy a ser sincero: Extraño el opio de la indiferencia. El no pedir perdón por sentir. El acariciar las mejillas al odio, y besar sin límites la rabia de no ser yo.
¿Aún me quieres?, No lo creo, pero el viento me trae tus aromas, tus recuerdos, tus labios en oleadas de frío y tus caricias en gotas de hielo.
Mi escritorio se convirtió en la esquina de mis plegarias. En el paso lento que me recuerda que fui un alma pasajera en tu triste cuento.
No, el mundo no gira alrededor tuyo, y lo único que quiero que entiendas es que te odio como nunca. ¿Comprendes?. Me importa un carajo. Tu piel me quema, y tus palabras me destrozan completamente. Te extraño tanto que espero olvidarte algún puto día.
Y miré en lo más profundo de mis ojos, ya perdí esa chispa, perdí el brillo de las pupilas hace ya bastante tiempo, todavía no logro comprobar a cuántos grados se evapora el amor, ni con cuántas musas se derrama el corazón.
Lléname los bolsillos de excusas, que de las últimas que me diste me queda sólo la envoltura y el alma despeinada.
Confío tanto en tí que dejaré que me traiciones, pero no olvides que olvido lo que digo y cuando diga yo te olvido, porque así es como se mata por amor.
Mi piel se consume, danza al ritmo del humo etéreo y se impregna completamente del jadeo del pasado.
Esa es mi debilidad, mis heridas me recuerdan que el pasado es real.
Ni pensar, aún no termino de escribir el capítulo final de esta historia.
Olvidarte me costó todo lo que tengo.
No es la luna ni el sol el que lo mata.
No es la mentira ni la verdad.
El se alimenta de la falsa compasión, de la falsa realidad.
Es la ficción lo que lo mantiene en pie, porque en el fondo, sabe que nunca los perdonará, nunca lo intentó. Nunca lo hizo. Nunca lo hará.
Tiene claro que él no la merece, incluso él lo tiene claro. Y se pregunta por qué ella le entrega lo que nunca pidió.
Lo mismo me pregunté cuando me ahogaba en alcohol alguna oscura noche de abril. Lo mismo me pregunté, pero no encontré la respuesta.
Tú tampoco lo harás. Nunca.
Y me basta con saber que estamos en el mismo agujero, en la misma mentira.
Nunca lo entenderás, hasta que sea demasiado tarde.
Y vas a comprender, por fin, que tu vida será incompleta, porque cuando me perdiste, perdiste lo mejor de tí.
Nunca miró atrás, aunque siempre fue lo que más quiso. Nunca nadie tampoco miró hacia atrás cuando él más lo necesitaba. La melodía del diario vivir y la soledad se estaba convirtiendo en su favorita, nunca lo pudo entender, pero le ocurría más seguido que hace un par de años.
No sabe por qué odia todo lo que amaba. No sabe por qué se odia. Cesó su búsqueda, la dejó al lado, otra vez, pero por tiempo indefinido.
Creyó estar volando, y al quedar frente al espejo, viendo el reflejo de sus recuerdos les prometió amor y odio eterno.
Cerró los ojos y se dejó caer.
Despertó antes de tocar el suelo.
Otra vez.
Esa noche se despertó de golpe. Y se decepcionó al darse cuenta de que era sólo un sueño, hace tiempo no se sentía así de feliz, pero bastó con abrir los ojos para volver a sentir la angustia con la que había ido a la cama. Se paró frente al espejo y se quedó mirando un par de minutos. Revisó su teléfono, nada nuevo, no recibía llamadas desde ese día.
Odiaba recordar, odiaba extrañar. Pero no lo podía controlar. Cerró los ojos, no pudo dormir, por lo que armó su sueño paso por paso.
Hundió su cabeza en la almohada y apretó los puños con rabia.
Nada por qué alarmarse, era sólo un sueño, y debía aceptarlo de una vez.
Más que lo que digo es lo que escondo, el miedo es silencio, una lección de los ángeles pobres que se ahogan al sol y la brisa, embriagándome, secándome las lágrimas.
Cada vez más sordo, cada vez más loco, cada vez más solo y cada vez más triste, cada vez más cadáver. Te doy tanto trabajo, tanto fuego que camina conmigo, te dije que no pensaba volver algún día, y te reías. Sentados en el meridiano de la búsqueda eterna del borde del camino que lleva al purgatorio.
Y pensar que me preocupaba encontrarlo otra vez, es más idiota que no entender que hay infinitas formas de morir, pero sólo una de vivir. No me culpes por errores que no he cometido y tú sí, puta cursi. Esa tendencia a negar evidencia se acabó.
Filosofía y letras, no te mereces más que esto, y no lo tendrás.
Es demasiado tarde como para saborear la lluvia del domingo pasado, demasiado tarde para abrazar las lágrimas del puto domingo pasado. Si tan sólo hubieras llamado un poco antes… Las cosas no serían lo que son hoy, no estaría endulzando mi café con la amargura de los recuerdos ni vestiría de negro para darle un pequeño homenaje al frío de mis manos.
Pero eso no te incumbe, ¿Verdad?. Tú sigues viviendo tu vida de mierda aún sabiendo que no tienes razón para hacerlo.
Todo esto me da asco, a la mierda.
Y perdí la cuenta de las veces que te amé, desquicié tu vida por ponerla junto a mí, vomité mi alma en cada verso que te dí… que te dí, olvidé, me quedan tantas cosas que decir… tantas cosas que decir.
Por conocer a cuánto se margina, hoy me encuentro a los pies del asfalto, contando los pasos de las hormigas y escarabajos que marcan su ir y venir sin miedo.
Cerró el cuaderno, luego de haber leído su corazón una y otra vez, y puso el lápiz encima. Otra vez eran las cuatro de la mañana, y no pudo dormir hasta una hora más. Él siempre supo que era capaz de seguir solo.
Está cansado, está totalmente desconectado… después de todo, era una sensación que le agradaba en cierto modo. Pero no más de lo que lo destruía.
Miró al cielo y vió su cuerpo morir.
Abrió un poco sus ojos, y miró por la ventana de su pieza. Era el día más bastardo que jamás hubiera imaginado. Su medicina ya no hacía efecto. Y sintió lentamente cómo su pecho se apretaba. No le dió importancia.
Era él, por primera vez en mucho tiempo. Sin máscaras, sin amarras, sólo él… Recordó también por qué, inconscientemente, había dejado de serlo.- Siguió quemando sus pupilas con la oscuridad, caminó sin pensar, como siempre lo ha hecho, mirando directo a los ojos.
El camino ya no es el mismo, y a decir verdad, el nuevo no era para nada llamativo, necesario, pero era una mierda recorrerlo solo.
Llevaba en su mochila un sobre con la última carta que escribió. No sabe por qué. Esa carta ya no tiene destino.
Se transformó en sus miedos. Y ese era su miedo más profundo. La neblina lo abrazó en su frío…
El día más bastardo de su puta vida.
Miraba películas, él cambiaba los finales, aún sabiendo que las cosas no terminan siempre como uno quiere. Los convertía en caos, en revoltijos de ideas, que harían a cualquier humano cuestionar su existencia. Nunca leyó, si bien le parecía atractivo, nunca intentó siquiera abrir un libro; los libros abren un nuevo mundo, pero cierran el propio. Él siempre prefirió escribir el suyo, su historia. Este último tiempo ha sido de pocas palabras, no dice más que lo necesario. Muchos piensan que ha cambiado, sí, lo ha hecho, pero nadie fue lo suficientemente valiente como para preguntárselo, mucho menos hacérselo notar. Muchas veces pidió ayuda.
No, nunca pidió ayuda.
Pero sí pidió comprensión. No la encontró. Era de esperarse, después de todo, es humano el ser egoísta, el no aprender.
Tomó un billete de mil pesos, lo dobló y lo guardó en su bolsillo derecho, se puso sus audífonos y escuchó la misma lista de canciones que ya casi sabía de memoria. Mientras caminaba intentaba leer la mente de la gente que pasaba, tantas ideas, tantas metas, tantas historias distintas. Era fascinante, era, sobretodo, intimidante. Hurgueteó en su bolsillo y sacó un cigarrillo. Al ritmo de la música lo encendió y caminó sin destino.
Paso a paso, pisando la desnudez de los árboles, fracturando los cadáveres uno a uno, casi como en un juego.
-’Las líneas son lava’- Pensó, y luego sonrió al darse cuenta de lo inmaduro de su juego. Poco le importó, era sólo él, además, solía hacerlo cuando era menor.
El rocío le golpeaba la cara, y se quitó el gorro para poder disfrutarlo.
Era como si nada hubiera pasado en todo este tiempo. Nadie acepta tantos cambios en tan poco tiempo. Su problema siempre fue el esperar demasiado de los demás, esperar algo, pero siempre se quedó esperando. Ya era hora de cambiar eso. Y fue lo que hizo.
No la veía hace tanto tiempo, que, por un momento, pensó que no era real. Pero estaba ahí, tan resplandeciente como siempre, y lo miraba con esos ojos que nunca pudo descifrar.
- ¿Qué pasa? – Preguntó.
-Nada- Respondió ella. Y miró con ternura hacia abajo.
Él se acercó y acarició su frente con la yema de sus dedos, como siempre hacía. Y acomodó su pelo a un lado. Para acercarse al oído y susurrarle. -¿Ya no me quieres?
Ella subió la mirada y la clavó en sus pupilas. – Ya no es lo mismo…-
Entonces él acercó sus labios y la besó. Primero en la mejilla, para lentamente recorrer el camino hasta su boca.
Se besaron eternamente, fueron uno por un instante más. Sentirla cerca era lo mejor que le había pasado en mucho tiempo, y olvidó por completo todo lo que lo rodeaba. Eran ellos y nada más. Rodeados por el calor de su piel.
-Te extraño tanto- Dijo ella apoyándose en su pecho.
-Yo también- Respondió, y sintió ese nudo en la garganta otra vez.
Fue en ese momento que el tiempo se quebró. Fue ese preciso momento en el que comprendió que ese era el último adiós. Y que no podía hacer nada más. Guardó sus palabras, no mencionó que la amaba, tampoco que la extrañaría ni lo frágil que era cuando estaba sin ella.
Fue en ese instante cuando decidió borrar su recuerdo.
Fue en ese momento cuando decidí matarte, aún sabiendo que moriría contigo…
Y desde ese día nada es igual. Nada.