Ultima carta al viento.

Querida, me duele un poco hablarte como si no me importaras y sé que a tí también te duele hablarme así, no estamos hechos para eso, por más de que trates de convencerte de que tiene que ser así, sabes que no tiene que serlo. Quemé todas las cartas que te había escrito y no te entregué no sé por qué… y dejé que el humo me impregnara la ropa con todos los sentimientos que plasmé en algún momento. Y por más que intente ser racional, es imposible.

Puede que en estos momentos estés soñando, que estés abrazando tu almohada con inocencia, como acostumbras. No sé qué daría por sentirte así de cerca otra vez. Daría todo por sentir tu aroma impregnado en mí, por volver a ser uno, ¿Recuerdas?, yo sí.

En cierta forma, llenamos este vacío hablando de cosas banales, cosas que no tienen significado alguno, pero que en el fondo nos entregan esa estúpida seguridad que nos falta. Me necesitas y yo te necesito a tí… y es lo único que nos importa. Tal vez me quedé en el pasado, me quedé esperando esas buenas noches y ese beso que me entregaba todo lo que jamás hubiera deseado. Desear es tan humano, tan predecible, tan despreciable que me aprieta la garganta…

Mátame de una vez por todas, deja de lado esa falsa sonrisa que me dice “estoy bien” mientras tus pupilas me recitan lo contrario. No me puedes mentir, y lo sabes bien…

Pensándolo bien, puede que sólo le esté enviando una carta al viento. El invierno está a la vuelta de la esquina. Y me abruma pensar que te espero desde el invierno pasado.

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